II. 3. Naturaleza y Cultura, la Cultura como sistema de reglas.
“Esta ausencia de reglas parece aportar el criterio más seguro para establecer la distinción entre un proceso natural y uno cultural” (pág. 130). Con estas palabras se continúa con la línea de estudio de la cultura en busca de un carácter universal en lo humano es decir; que escape al dominio de las costumbres, técnicas y instituciones. Las reglas, bajo esta forma de “cultura” resultan ser entonces lo propio, lo esencial al hombre, y por tanto, a la cultura.
Es claro que, entonces, cualquier tipo de institución (estructurada a base de reglas) resulta el producto cultural por antonomasia. Si traemos esta idea a nuestras ciudades actuales, nos resultará entonces lógico decir que nuestras grandes corporaciones actuales son el paroxismo de la cultura. Grandes monopolios de nuestras corporaciones del siglo XXI se mostrarían entonces como las creaciones más ideales que tenemos de instituciones y asociaciones humanas reguladas por normas relativas y particulares en cada cultura.
Me parece que una justificación que coloque las normas como lo propio de lo humanos, sigue dejando de lado lo vital y lo propio del hombre y la cultura. Esto es: los individuos que por medio de su interacción y emotividad tanto al hombre como a la naturaleza se ven como movidos por una fuerza interna a la creación de todo producto cultural.
domingo, 1 de marzo de 2009
II. 4. La cultura y las culturas.
Enrique Aguilar Vega
II. 4. La cultura y las culturas.
El relativismo cultural apareció como una solución conciliadora contra las violentas imposiciones de los sistemas racionalistas con sus pretensiones de universalidad, y progreso. El punto de vista desarrollado en este texto, realiza un replanteamiento del concepto de cultura que desemboca en una crítica al relativismo cultural debido a sus implicaciones. La intuición que esta palpitando debajo de la crítica es una suposición de que la cultura, siguiendo a Kroeber, es un orden distinto de lo vivo, al modo que esto lo es de lo inorgánico. Además, la cultura entendida de este modo, no es capaz de resaltar la importancia del individuo; sino que sólo importa las manifestaciones súper orgánicas en la que los individuos son pasajeros y por tanto resultan reemplazables.
Pareciera que ésta nueva propuesta de cultura, no tiene las mismas intenciones teleológicas y de progreso que mostraba la cultura de la modernidad; pues concibe a la razón misma como un producto de la evolución cultural, un objeto secundario. Sin embargo, esto no es un impedimento de que esta teoría tenga pretensiones universalistas; incluso en sus lecturas de “las culturas” busca sólo resaltar universalidades para observar los rasgos culturales comunes.
A pesar de toda esta propuesta y de la crítica al relativismo cultural, me parece que esta intuición, en la medida en que se concentre solamente en lo universal, y prescinda de la importancia de los individuos (átomo y génesis de la cultura) se le escapará aquello que constituye el corazón mismo de la cultura. Y es que antes que en masas históricas, la cultura surge desde la vida misma, es decir, en la intersubjetividad de la vivencia humana. El autor pretende hablar de rasgos universales como los rituales que rodean la muerte humana y el sentimiento que satura estas circunstancias; pero en su “visión universal” olvida que ese rasgo es común en la medida en que toda la humanidad siente hasta en la médula de su existencia la muerte del otro, de mi prójimo, de aquél por el cual puedo afirmarme a mí mismo.
Con esto quiero decir que mientras los nuevos replanteamientos de “la cultura” sigan ignorando la base misma de la cual surge toda cultura, es decir, las vivencias entre individuos (intersubjetividad) y sigan luchando encaminados por una voluntad de poder totalitaria y universal, no podremos dar con el talón de Aquiles de qué es la cultura.
II. 4. La cultura y las culturas.
El relativismo cultural apareció como una solución conciliadora contra las violentas imposiciones de los sistemas racionalistas con sus pretensiones de universalidad, y progreso. El punto de vista desarrollado en este texto, realiza un replanteamiento del concepto de cultura que desemboca en una crítica al relativismo cultural debido a sus implicaciones. La intuición que esta palpitando debajo de la crítica es una suposición de que la cultura, siguiendo a Kroeber, es un orden distinto de lo vivo, al modo que esto lo es de lo inorgánico. Además, la cultura entendida de este modo, no es capaz de resaltar la importancia del individuo; sino que sólo importa las manifestaciones súper orgánicas en la que los individuos son pasajeros y por tanto resultan reemplazables.
Pareciera que ésta nueva propuesta de cultura, no tiene las mismas intenciones teleológicas y de progreso que mostraba la cultura de la modernidad; pues concibe a la razón misma como un producto de la evolución cultural, un objeto secundario. Sin embargo, esto no es un impedimento de que esta teoría tenga pretensiones universalistas; incluso en sus lecturas de “las culturas” busca sólo resaltar universalidades para observar los rasgos culturales comunes.
A pesar de toda esta propuesta y de la crítica al relativismo cultural, me parece que esta intuición, en la medida en que se concentre solamente en lo universal, y prescinda de la importancia de los individuos (átomo y génesis de la cultura) se le escapará aquello que constituye el corazón mismo de la cultura. Y es que antes que en masas históricas, la cultura surge desde la vida misma, es decir, en la intersubjetividad de la vivencia humana. El autor pretende hablar de rasgos universales como los rituales que rodean la muerte humana y el sentimiento que satura estas circunstancias; pero en su “visión universal” olvida que ese rasgo es común en la medida en que toda la humanidad siente hasta en la médula de su existencia la muerte del otro, de mi prójimo, de aquél por el cual puedo afirmarme a mí mismo.
Con esto quiero decir que mientras los nuevos replanteamientos de “la cultura” sigan ignorando la base misma de la cual surge toda cultura, es decir, las vivencias entre individuos (intersubjetividad) y sigan luchando encaminados por una voluntad de poder totalitaria y universal, no podremos dar con el talón de Aquiles de qué es la cultura.
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