II. 3. Naturaleza y Cultura, la Cultura como sistema de reglas.
“Esta ausencia de reglas parece aportar el criterio más seguro para establecer la distinción entre un proceso natural y uno cultural” (pág. 130). Con estas palabras se continúa con la línea de estudio de la cultura en busca de un carácter universal en lo humano es decir; que escape al dominio de las costumbres, técnicas y instituciones. Las reglas, bajo esta forma de “cultura” resultan ser entonces lo propio, lo esencial al hombre, y por tanto, a la cultura.
Es claro que, entonces, cualquier tipo de institución (estructurada a base de reglas) resulta el producto cultural por antonomasia. Si traemos esta idea a nuestras ciudades actuales, nos resultará entonces lógico decir que nuestras grandes corporaciones actuales son el paroxismo de la cultura. Grandes monopolios de nuestras corporaciones del siglo XXI se mostrarían entonces como las creaciones más ideales que tenemos de instituciones y asociaciones humanas reguladas por normas relativas y particulares en cada cultura.
Me parece que una justificación que coloque las normas como lo propio de lo humanos, sigue dejando de lado lo vital y lo propio del hombre y la cultura. Esto es: los individuos que por medio de su interacción y emotividad tanto al hombre como a la naturaleza se ven como movidos por una fuerza interna a la creación de todo producto cultural.
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