domingo, 1 de marzo de 2009

II. 4. La cultura y las culturas.

Enrique Aguilar Vega
II. 4. La cultura y las culturas.

El relativismo cultural apareció como una solución conciliadora contra las violentas imposiciones de los sistemas racionalistas con sus pretensiones de universalidad, y progreso. El punto de vista desarrollado en este texto, realiza un replanteamiento del concepto de cultura que desemboca en una crítica al relativismo cultural debido a sus implicaciones. La intuición que esta palpitando debajo de la crítica es una suposición de que la cultura, siguiendo a Kroeber, es un orden distinto de lo vivo, al modo que esto lo es de lo inorgánico. Además, la cultura entendida de este modo, no es capaz de resaltar la importancia del individuo; sino que sólo importa las manifestaciones súper orgánicas en la que los individuos son pasajeros y por tanto resultan reemplazables.
Pareciera que ésta nueva propuesta de cultura, no tiene las mismas intenciones teleológicas y de progreso que mostraba la cultura de la modernidad; pues concibe a la razón misma como un producto de la evolución cultural, un objeto secundario. Sin embargo, esto no es un impedimento de que esta teoría tenga pretensiones universalistas; incluso en sus lecturas de “las culturas” busca sólo resaltar universalidades para observar los rasgos culturales comunes.
A pesar de toda esta propuesta y de la crítica al relativismo cultural, me parece que esta intuición, en la medida en que se concentre solamente en lo universal, y prescinda de la importancia de los individuos (átomo y génesis de la cultura) se le escapará aquello que constituye el corazón mismo de la cultura. Y es que antes que en masas históricas, la cultura surge desde la vida misma, es decir, en la intersubjetividad de la vivencia humana. El autor pretende hablar de rasgos universales como los rituales que rodean la muerte humana y el sentimiento que satura estas circunstancias; pero en su “visión universal” olvida que ese rasgo es común en la medida en que toda la humanidad siente hasta en la médula de su existencia la muerte del otro, de mi prójimo, de aquél por el cual puedo afirmarme a mí mismo.
Con esto quiero decir que mientras los nuevos replanteamientos de “la cultura” sigan ignorando la base misma de la cual surge toda cultura, es decir, las vivencias entre individuos (intersubjetividad) y sigan luchando encaminados por una voluntad de poder totalitaria y universal, no podremos dar con el talón de Aquiles de qué es la cultura.

2 comentarios:

  1. Concuerdo contigo, aunque tal vez la cuestion es ir un poco más atras. Antes de observar la intersubjetividad, sin quitarle el peso que le corresponde, se puede plantear a la vida como la base. Recuerdo lo que veíamos en Fil del Absoluto, en la lectura de Henry, los científicos se han olvidado de pertenecer al mundo y de estar basados en la vida. Suponer a la cultura como algo inorgánico, como dices que la lectura lo plantea, nos lleva a cuestionarlo de inmediato.

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  2. Inorgánico en el sentido de que no es "natural" u orgánico, tampoco es artificial.
    No veo esa voluntad de poder totalitaria y tampoco ningún intento de definir cultura sin tomar en cuenta la "intersubjetividad"
    10

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